miércoles, agosto 13, 2014

The End


Dejó las pantuflas junto a la cama, corrió las sábanas y se recostó. Le dolía la espalda, la pierna izquierda y la cabeza; pero lo que más dolía era el vacío. Ella entendía; comprendía que sus hijos tuvieran una vida con sus responsabilidades, y que esto les dejara poco tiempo para ella… lo entendía; pero por más que lo entendiera y se repitiera a sí misma aquellos argumentos, la soledad pesaba sobre cada hueso. Intentaba mitigarla aferrándose a recuerdos, pero el deseo de una sonrisa la envolvía en mantos de melancolía cada noche.

Cerró sus ojos e intentó no pensar, y lo mejor para no pensar era llenar la mente con recuerdos… recordar la vida, recordar cuando lo que ahora resulta imposible era cotidiano, recordar cuando "La Soledad" era la hija de la panadera y no una cruel compañera.

No se dio cuenta del cambio hasta que se supo flotando. Se vio a sí misma en la cama, tapada con una frazada vieja azul; miró en derredor y todo en la habitación se había desteñido. Cuando fue consciente de que no sentía miedo, de que entendía y aun así no había entrado en pánico, se sorprendió.

Observó por la ventana y fuera las luces de la ciudad brillaban. Salió sin necesidad de abrir nada, extendió sus palmas y jugó a volar. Voló entre árboles, serpenteando entre postes y luces… ascendió hacia las estrellas y cantó con la luna. Escuchó el llamado del mar y voló rápido a su encuentro, tan rápido que abajo todo se volvió borroso… llegó y se zambulló en un abrazo pleno, un abrazo místico… salió si haberse mojado y flotó suavemente junto a la brisa. Ascendió nuevamente y se recostó boca arriba sobre una nube, observando las estrellas… vio una fugaz, pero no alcanzó a pedir un deseo, simplemente se desvanecieron juntas, y en ese momento, una hora y media después de fallecer, Ella dejó de ser.


lunes, agosto 27, 2012

Despertar


El peso de lo correcto atormentaba la escasa sobriedad que conservaba. Había logrado acallar el resto de ella ahogándolo en un mar de indiferente incongruencia, pero aún conservaba esa maldita parte consciente que hundía sus garras y destrozaba recuerdos, transformando resignaciones, deseos acallados y pasiones evitadas en brasas candentes que calcinaban sus alas blancas. La traición de su amado le pesaba por sí misma, pero aún más por inicua.

Y ahí estaba él, el otro; no sabía quien, no había prestado atención a nada que dijera, ni siquiera su nombre; era rubio, tenía un poco de barba descuidada, y no sabía decir qué más, no quería saberlo, le bastaba con la esperanza de sentirse vengada, compensada. Sus manos la estaban recorriendo, buscando atravesar telas que le impedían alcanzar su piel. En su mente aletargada la realidad llegaba por oleadas; en una sintió el frío de la pared contra sus nalgas, a la siguiente se supo penetrada.

En su vientre una chispa destelló entre la negrura invernal. En un instante que la hizo estremecer, el tiempo pareció detenerse y la satisfacción de lo saldado sonrió; pero lo que podría haber sido la llama que la devolviera a la vida, que diera vuelta la página y la indemnizara envolviendo sus penas y rencores en la neblina gris del olvido fue sólo un suspiro perdido en el frío de la noche.

Tenía miedo de encontrarse con los ojos de él, de ése otro que la estaba usando para saciarse, no quería verlo, no quería besarlo, no quería nada con él… sabía que a su manera él estaba disfrutando, pero ella había sido invadida por el frío de la pared, un frío totalmente seco salvo por las lágrimas que comenzaban a caer por la melancolía del amor perdido.

Necesitó escapar, huir de allí, desvincularse de ésa que estaba contra la pared y que tenía tanto y tan poco ella a la vez. Se elevó, desplegó alas negras y supo que de continuar no habría retorno. Quiso volver, regresar al cuerpo de esa patética joven despechada, a seguir soportando el aliento envuelto en el vapor repugnante, a seguir huyendo de esos ojos; si volvía, sería soportar ese momento y luego podría levantarse para caminar lo que quedara de su sendero; supo que si lograba volver a ella sería capaz de superar todo esto… pero ya era imposible regresar, sus nuevas alas la estaban adentrando en esa noche de invierno, acercándola a las estrellas y alejándola cada vez más de aquella joven inocente que creyó haber encontrado el amor verdadero.


martes, septiembre 20, 2011

Semejanza


Un cardo creció en un pequeño lote baldío aprovechando la ausencia de un jardinero que cercenara su vida, y ahora al sentir los primeros días primaverales que anticipan la migración del frío invernal, se apresura a florecer esperanzado de que algún enamorado lo elija para simbolizar sus sentimientos.

Rodeado por algunas caléndulas perezosas que por dejadez no cumplieron su ciclo, pequeñas margaritas acomplejadas por su vulgaridad y algunas petunias que aguardan temerosas una posible última helada; estalla en colores violáceos intrépidamente, adelantándose a sus contrincantes vecinas.

Pero ningún amate le escogerá… perezosos ante la ardua tarea de quitar espinas, y temerosos ante la idea de que su amada considere el obsequio ordinario, optarán por petunias, caléndulas y hasta margaritas… ignorando lo maravillosa que puede ser la flor de un cardo.


lunes, septiembre 05, 2011

TEG #03

Continuación de TEG #01 y TEG #02, si no leíste los anteriores, leelos antes de seguir con este (o no leas ninguno).



El temor agrega dos ejércitos en tu pie izquierdo, quedando con tres allí; el otro se suma a las tres tropas que tenía en tu seno izquierdo; pasa el turno, La Desidia agrega tropa en tu rosa, pubis y muslo derecho; pasa el turno quedando con cuatro ejércitos en cada uno de sus territorios.

A fin de continuar con el objetivo de dominar tu pierna izquierda por completo, agrego mis tres ejércitos en tu rodilla izquierda, quedando con cinco. Ataco al Temor en tu pie izquierdo, 6-5-2. El Temor se defiende, 5-4-4. Ataco nuevamente al ejército que le queda, 3-3-1. El Temor se defiende, 5. Quedo con tres ejércitos en tu rodilla izquierda; sé que conquistar tu pie izquierdo sería favorable, me permitiría cambiar de frente dejando en tu pierna izquierda solamente la tropa obligatoria, pero no haber ganado tirando tres dados me hace dudar, ¿Será que no deseas aún mi conquista allí? ¿O simplemente estás jugando conmigo, probándome, sometiéndome a distintas situaciones para ver que hago? ¿O ni siquiera te interesa interferir y fue todo cosa del azar? Todavía tengo ventaja, tiraría con dos dados frente a un dado del Temor, pero si pierdo y él agrega sus tres ejércitos en tu pie, atacaría con tres dados y yo defendería con dos. "El que no arriesga no gana" me digo, evitándome así tener que seguir evaluando la situación como si ese dicho popular fuera suficiente fundamento para tomar mi decisión. 4-1. El Temor tira su dado, 6. Me cago en el hijo de puta que inventó ese dicho. Lo bueno de basar una decisión en dichos populares, la opinión de otros u cualquier otro agente externo; es que ante el fracaso se les puede endosar parte de la responsabilidad y así aliviar culpas… aunque, claro está, desde el vamos decidir de este modo es una forma patética de buscar soluciones y engañarse a uno mismo.


lunes, agosto 08, 2011

iCelestina


Hola, bienvenido a iCelestina, le ayudaremos a encontrar el amor de su vida
Hola
Por favor, tome asiento Señor. ¿Cómo se describiría a Ud. mismo? Cuéntenos sobre su vida y sobre lo que tiene para ofrecer.
Bueno, soy un hombre pobre vio… pero las carencias materiales las compenso con cariño; tengo una casita humilde, pero un corazón grande; a la mujer que venga le faltarán algunas comodidades pero trataré de compensarlo con caricias y besos, escuchándola y conteniéndola cuando sea necesario, estando pendiente de ella en todo momento, siendo compañero, fiel y honesto… mire, para que se de una idea, le digo que si alguna vez el diablo me ofrece trato, sería capaz de aceptarlo y condenarme a una eternidad de sufrimiento a cambio de una simple sonrisa de ella.
Muy bien, ¿y qué tipo de persona busca? Cuéntenos que expectativas tiene de la mujer que quisiera encontrar.
Que tenga plata
¿Plata?
Sí, plata, dinero, que tenga dinero.


Si pensaste "que tipo hipócrita", te invito a que lo medites un poco más =)


viernes, agosto 05, 2011

TEG #02

Continuación de TEG #01, si no leíste el primero, leelo antes de seguir con este (o no leas ninguno).



Resignado paso el turno. El Temor y la Desidia pasan sus turnos sin realizar movimientos. Me toca agregar tres ejércitos; el primero recibe la misión de atrincherarse en tu boca sumándose a las líneas defensivas que la protegen, otro tiene como destino tu ombligo, donde quedo con cuatro ejércitos, el último se suma al que estaba en tu muslo izquierdo. Paso el turno; el Temor agrega sus tres ejércitos en tu rodilla izquierda, quedando con cinco. Me ataca desde ahí en tu pie izquierdo. 5-2-2. Tengo un sólo ejército para defender tu pie izquierdo, el panorama no es muy alentador. 3. Pierdo tu pie izquierdo, el Temor pasa un ejército, quedando con cuatro en tu rodilla izquierda. Vuelve a tomar la ofensiva, esta vez hacia tu muslo izquierdo. 4-2-1. Arrojo mis dos dados, 6-4. Sonrío. El Temor queda con dos ejércitos en tu rodilla izquierda, toma una tarjeta, pasa el turno. La Desidia agrega un ejército en tu seno derecho, muslo derecho y tu rosa; no ataca ni reagrupa, pasa el turno.

Me toca nuevamente, estoy indeciso, ¿Debería seguir fortaleciendo las defensas o atacar? Intentar tomar tu pierna izquierda suena tentador, acabo de perder territorio allí… pero temo que quedaría muy desprotegido. ¿Tal vez atacar a la Desidia en tu pubis? Incursionar en su conquista se augura excitante; la tentación es grande, sería una aventura apasionada y mi cuerpo me incita a ella en un deseo carnal. Pero no es el momento, empiezo a vislumbrar una estrategia, y aún no es el momento. Sé que en este juego el azar ha sido subyugado, sé que la única forma de conseguir la victoria es logrando que vos así lo desees. Me decido; no debo proyectar mis movimientos en base a mis deseos, sino a los tuyos. Agrego tres ejércitos a los dos que me quedaban en tu muslo izquierdo y ataco al Temor en tu rodilla izquierda. 6-3-2. El Temor se defiende, 5-3. Perdemos un ejército cada uno, ataco nuevamente, 4-2-1. El Temor se defiende, 2. Conquisto tu rodilla izquierda, paso dos ejércitos, tomo una tarjeta, me toca tu seno derecho.